domingo 12 de julio de 2009

Estos días

En el cerro hay dolor
una mujer murió.
En el cerro hay dolor
el cuerpo de La Chora les abandonó.
Ha lo lejos la nieta llora
ha lo lejos también llora el tambor.
Flecha es puro canto
yo puro espectador.
La tierra se marchó
con su blanquecino cáncer
sus brazos de Mili.
Auguro un mirar sin velo
auguro desolación
al indio le apagan la vela
y llega el hombre con su farol.
Daimary

sábado 11 de julio de 2009

Estos días

Hoy fuiste canto
y por ti habló el tambor.
Hoy fuiste tierra que tus piernas talló.
Daimary

sábado 4 de julio de 2009

Estos días

De los incrédulos
nacerán raíces.

De los que ocupan
bombo y platillo
de los que no saben
qué ritmo sigue el grillo.

En los incrédulos había de perderse el olvido
de su hombros resbalar la cordura
espalda que cargas
más que piedra
más que
yunta
que unta
lo que traza
y se oculta.


Estos días

Y como buen caso
le hago al rumor...
No callo.
Daimary

Volviendo al padre

Dime dónde tu abrazo
dónde el resguardo
dónde esta alma que padece a cada paso.
Dónde el agua
dónde tus sueños
dónde tu calma y tu voz.
Dónde tu risa
padre
dónde tu risa.
Dónde tu brazo
tu mano
tu boca y tu voz.
Dónde tus ojos
padre
dónde tus ojos.
Qué tienen las calles
qué las esquinas
qué las banquetas
los puentes
los focos y las botellas.
Hablales de mí
platicame de su aliento
dime qué les pregunto
qué les robo
de qué me disfrazo
a qué le juego
qué te ofrezco.
Cómo aniquilar el tiempo
padre
quiero servirte de asiento.
Dónde tu carne
dónde el espacio entre paso y paso
donde tu y yo perdidos en abrazos.
Daimary

Estos días

Mi vanidad obscura
el deleite del verbo hecho sexo.
Fluidos articulados
cabeza que encuentra ala y ya se pierde en el vuelo.
La carne se eriza en sustantivo
sangre alborotada que se viene a cada adjetivo.
Pasión mal vivida
pasión a distancia
pasión sin cuerpo.
Brújula rota
roce de vocales y consonantes
no logro tu tacto
pero ya sé a qué huele y sabe tu sexo.

jueves 25 de junio de 2009

Estos días

El sitio
el rincón
la esquina.

Un torso de suelo
una cadera de techo
un pilar de piernas
ojos que se marchan
abandonando su tiempo.

Una almohada
un vaso de agua.

Una pared blanca
un espejo cerrado
copal
pirul
y sangre que asustada me abandona.
Se escapa.

Una sábana que cubra mi estancia
una vanidad obscura que alimente mi calma.

Denme columna
restenme compás
quiero pies
suavidad de voces graves y agudas
brazos no esquivos
temple para despedir
sangre hecha de muchas sangres
un hogar que se deshaga por hacer de mis tejidos alas.

jueves 28 de mayo de 2009

Aquel al que nada humano le es ajeno.

Siguió el paso que el aleteo de sus manos le indicó. Compró lo que no se vende. Observó. Bebió lo que nadie bebe. Sintió. Amó lo que nadie ama. Rozó. Dijo lo que nadie dice. Escuchó. Besó lo que nadie besa. Deseó. Tocó lo que nadie toca. Soñó. Escuchó lo que nadie escucha. Entendió. Creó lo que nadie crea. Respetó. Padeció lo que nadie padece. Agradeció. Palpó lo que nadie palpa. Cambió. Rió de lo que nadie ríe. Gozó.
Observó lo que nadie observa y ahí encontró. Cantó lo que nadie canta en una dialogía de voces altas y bajas, dulces y asperas. Gritó lo que nadie grita para que lo escucharan. Sembró lo que nadie siembra para que observaran. Pisó lo que nadie pisa para que confiaran.
Y a todos y a nadie observaba. Los otros ungidos en una misma mirada. Vibrantes lo ojos. El alma casi muerta, casi nada. Con el último nervio erguiéndose en la mano. Con el último asomo de vida descarriada. Sin precisar llanto y palabra. Se incorporó...
Compró al que nadie compra. Dio de beber al que nadie atiende. Amó al que nadie ama. Habló al que nadie habla. Besó al que nadie besa. Tocó al que nadie toca. Escuchó al que nadie escucha. Padeció junto al que todos ignoran. Palpó al que nadie palpa. Rió con el que nadie ríe. Observó al que nadie observa. Cantó al que nadie canta. Gritó al que nadie grita. Pisó con los que nadie pisa. Probó con el que nadie prueba. Sembró con el que nadie siembra.

Sintió el mundo amplio. Fue feliz

Daimary

martes 26 de mayo de 2009

Antología de microcuentos


Pues ya está lista la Antología de microcuentos en cuyo contenido se puede encontrar parte de mi trabajo. Recién la ojeo y encuentro gente muy talentosa como Víctor Antero Flores Zertuche. Ya me encargaré de hacer una presentación oficial en Tijuana y Tecate. Les aviso.

sábado 28 de marzo de 2009

Improntas

No conozco tu piel
ni tus manos
ni tus pies.

No conozco el cristal
Ni tu almohada
Ni la tierra que esconden tus plantas
Ni el castañear de tus dientes
Ni ese cuerpo deshollado
deshabitado
que te empeñas en abandonar cada cierto rato.

No conozco el abrazo
brazos encorvados queriendo acabar con el espacio.
No sé nada de tu risa
nada de la impronta de tu andar irregular.

Nada de tí sé prisma de mi ser
agujero de columpio
biberón vacío
sequedad de las vías
alaridos nocturnos
rostro de espanto
carcajada de buitre
mueca de hiena
ala de cuervo
chillido de gata en celo
ojos de cerdo
mirada en fuga constante
pena varada
alma que no se resigna a ser del aire
manos que quieren tener padre.
Hécate

miércoles 25 de marzo de 2009

El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo.
Roland Barthes

lunes 16 de febrero de 2009

“La metáfora escamotea un objeto enmascarándolo con otro, y no tendría sentido si no viéramos bajo ella un instinto que induce al hombre a evitar realidades.”
Ortega y Gasset

jueves 12 de febrero de 2009

Alzheimer

Para Jorge y Elvia
No tiene caso especular
aquella noble mujer basta.
No tiene caso especular el grosor de su alma
la tonalidad
lo blando o duro de sus contornos
si era pegajosa, yerma o parca.
Aquella noble mujer basta.
No tiene caso especular si le hacia el amor o si para él
un acostón bastaba.
No vale la pena hablar de los años en que enojo se escribió con j
ni de que el aceite en cantidades grandes hace daño.
No tiene caso recordar que gasté su rostro de tanto mirarlo
con la esperanza de que por el rabillo del ojo un trozo de alma se le escapara.
Aquella noble mujer basta.
No vale la pena recordar su vocación de molesto consejero,
sus rutinas, el aceite en sus frijoles,
la comida,
los ojos de paloma,
los chismes de familia.
No tiene caso especular ahora que la muerte
cualquier día de estos le atrapa,
ahora que la mirada de un perro dice más que su vista desviada,
ahora que ha olvidado que habla, que sus pies son sus pies y que hay gente que le ama.
No tiene caso especular ahora que el mundo le rebasa
ahora que nada en su habitación falta.
No tiene caso especular aquella noble mujer basta
para saber que un hombre bueno recostado en una cama
no logra atinar los mecanismos que le coloquen en retirada
olvidando que cuando deja de latir el corazón,
el cuerpo no avanza
y uno cabizbajo
trastabilla
y se marcha.
Hécate

domingo 21 de diciembre de 2008

Aire

Profunda inercia
la de mi pulmón y el aire
habrías de ver la entrega
la fiel correspondencia.

Hécate


jueves 4 de diciembre de 2008

El suyo, suerte de mal padre
El mío, suerte de mala hija
El de ambos, cárcel de espacio y tiempo

Y le dejé sobre su fango y mi fango
y no conforme le escupí el rostro
y de ser fuerte le hubiese golpeado
y de tener fuego lo hubiese quemado
y de tener puñal lo hubiese lacerado
y de tener la muerte en la bolsa del mandado se lo hubiese entregado
y de tener perros hambrientos se los hubiese arrojado,
nos lo hubiésemos tragado completo
cuero cabelludo
piernas
hígado
corazón
y venas.

Mas si yo realmente me hubiese acercado
ninguna otra cosa hubiese atinado a ser
que su bastón
su perro
su sillón
su alcohol
su alimento
su voz
su fuerza
su trapo
sus órganos
su cuerpo
su alma
su droga
su mente.


viernes 28 de noviembre de 2008

Te comparto

Al improbable pero deseable lector...

A partir de la primavera 2009 algunas de las minificciones que han aparecido en este blog, podrán encontrarse en Antología de microficción, editada por la Universidad Iberoamericana de León, Gto.

La presentación de la antología tendrá lugar en la próxima Feria Nacional del Libro de León, Gto.

Gracias por creer en mi trabajo.

La rodilla


Y cruzó la vida sin mostrar las piernas, aquel hueso que alegaba sobresalía de sus rodillas, aquella culposa herencia, aquel indeseable brote que en el viaje del coito a la fecundación los genes no lograron disipar; aparecía ahora en su hija, como el anticristo que deviene en rodilla, en grasa nómada que después de habitar los senos, conocer el vientre, recorrer las caderas y ampliar los muslos, se negó a descender a los tobillos, y varada en las rodillas, sedentaria, trastocó el orden de unas piernas que hallaron en el pantalón la prenda aliada, al mesías de las rodillas deformes.


Aquella curvatura, esa masa amorfa escondiendo dos pares de hoyuelos color venas, sí, color venas, porque las venas no son moradas, ni azules, ni verde azul, son color venas, venas cuerda floja sobre hondos precipicios de carne y grasa que rechina y truena, carne grasa que no deja ser al hueso, hueso que cuando tuvo la oportunidad de quebrarse, cuando médica y animicamente debió fracturarse, víctima de la propiedad famélica que todo hueso posee, no se le permitió ser, la carne grasa no le concedió el colapso, la debacle.


La carne grasa queriendo ser hueso
la carne grasa estrella
la carne grasa mundo
la carne grasa martirio
la carne grasa rarámuri o purépecha
la carne grasa matriarca
la carne grasa Europa
la carne grasa Estado
la carne grasa mafia
la carne grasa inmensa
la carne grasa saber
la carne grasa moral
la carne grasa ignorancia
la carne grasa omnipotente
la carne grasa redentora
la carne grasa pobreza
la carne grasa, la carne grasa...

Par de medias lunas gemelas en la diferencia, rodillas siamesas que en la incapacidad de ceder la victoria al olvido no cesan de rozarse, dependientes de frotar sus carnes, unidas por los hombros, vestidas de gusanos luminosos.
Hécate






martes 25 de noviembre de 2008

miércoles 8 de octubre de 2008

Algunas reflexiones a propósito de la sabiduría de la mosca y la propiedad privada



La mosca sin perseverar alcanza. Las cosas se le revelan seductoras, necesarias, presta las toma y se marcha.

¡Quién podría no envidiarla!

La brevedad de su vida supera en tiempo a los instantes en los que el que la ve cesa de hacer apreciaciones morales. La mosca se alimenta de mi alimento. No entiende de propiedad privada, de lugares ocupados, de fornicar bajo llave, ella sólo sabe hacer el amor en el aire.

La mosca hace de pimienta en la sal de los convivios sociales. Guarda el secreto de su lenguaje. Frota sus extremidades con la maquiavélica gana de ocultar algo que el que la ve no sabe.

El hecho de que la mosca no esté en peligro de extinción es un hecho que exige una análisis EXOBIOLÓGICO.

Oportuna en su oportunismo la mosca pulula y sabe, que no hay cuerpo que de tan amplio abarque lo suficiente como para no ofrecer un espacio dispuesto a ser ocupado.


Hécate

domingo 5 de octubre de 2008

25 años

Escasas o nulas son las ocasiones en que estamos concientes de nuestra edad.
Kundera / Hécate

miércoles 3 de septiembre de 2008


martes 2 de septiembre de 2008

Tecate, lo real maravilloso

En este pueblo aún hay gente que paga porque el músico toque en martes a las 12 del día..
Hécate

jueves 28 de agosto de 2008

La mudita

No sé quién fue el que decidió que la mejor manera de representar el sonido del reloj de manera fónica era con dos silabas, que me remiten más al sonido emitido por una madre al rozar de manera continua el suelo con su zapato a modo de presión al interrogar al hijo por arribar a casa a horas que podrían poner en entredicho su papel de buen chico, que la vacuidad totalizadora, angustiosa, escalofriante y asesina que me provoca el sonido del reloj.
Un Tic-Tac es muy poco para tanta nada, se decía mientras observaba el enorme reloj de la iglesia de la virgen de Guadalupe, aquél que a los tres días de su colocación jamás volvió a andar, aquél que parecía haber quedado anclado en una hora que había decidido inmortalizarse.

Bajó la vista y siguió el paso. La señora de los chamoyukies, más de 10 años vendiendo hielo con chile y chamoy; admiraba a las personas que tenían la tenacidad de crearse rutinas, a él le era imposible, todo lo que comenzaba terminaba arrojándolo por los ojos, pateándolo con la lengua, deslizándolo por la espalda, para finalmente quedarse frió escuchando las excusas que cada una de las partes de su cuerpo argumentaba para justificar su poca constancia, la más sonada era la de los dedos, reumatismo, las piernas, varices, el ano, hemorroides, todos le temían a las rutinas, a la atrofia muscular, a la mecanización del cuerpo, a la automatización, a repetirse, a los lugares comunes.


Dobló a su izquierda y continuó andando, aquellas calles eran como el rostro de su padre, tan familiar a primera vista como profundo y desconocido si se le veía con detenimiento. Caminar por ellas le anclaba al terruño, le daba una idea de aquello que llaman amor por la patria, un sentimiento de pertenencia paliativa, unas ganas de dejar huella en ellas. Pero no pasaba de ahí, pues al menor descuido todo se desvanecía en los pliegues de una falda ajustada.


Tomó asiento en alguna banca. Creía observar el rededor cuando el rededor le observaba a él. Un parque a todas luces conocido, un rumor de aromas a veces de olivo, uva, granado e higo, una abuela que se repartía dándole un tantito de sí a todos, montoncitos que obsequiaba o extraviaba y que terminaron por difuminar a la viejecita, por fragmentarla, las aceitunas que hicieron de colchón en el ultrajo de la muda, "la mudita", el juego de cerco a cerco de los niños prohibidos o el juego prohibido de los niños, todo le observaba.

De pronto comenzó a ver solo cuadros, negros, azules, verdes, rojos; cuadros en caballetes firmes y bien torneados, algunos gruesos ya entrados en carnes, otros como vara de bambú, muy delgados, muy largos. Cuadros con grandes rebanadas de sandía bañados en semilla, cabelleras negras y largas a la espera de frotar con sus puntas el revés de la rodilla. Un breve coincidir de miradas y... un cigarrillo. Le sobraban las manos, no sabía qué hacer con el cuerpo, cómo disponerlo sobre la banca, hacia dónde dirigir la mirada, ¿Esconderla? ¿Sostenerla? No encontraba los gestos y de encontrarlos cómo sabría si eran los propios, los aceptables, los necesarios. Un cigarrillo para entretener la mano, para justificar su rostro agachado, para sentirse acompañado.

Terminó el cigarrillo y con gran dedicación lo talló contra el pavimento hasta estar completamente seguro de que el fuego se había consumido, lo arrojó al suelo, dejó la banca y se marchó con la mudita, el reloj, la abuela y los higos atados a un tobillo.
Hécate

miércoles 13 de agosto de 2008

A propósito de Eva y Plum

El silencio sugiere en repetidas ocasiones, un antojo de arrullo, pereza, la búsqueda de la palabra precisa, pericia, indiferencia, ignorancia, la canica en la cajuela del auto en marcha. Mas cuando se debe al asalto de una resignación malograda se ha de tener piernas y brazos de hierro para sobrellevar el hecho de saber que ningún hombre ha logrado regresar al útero.

Hécate.